Después de una fiesta, de esas que duran cuatro días
mirando el cielo
entre algún flash siniestro,
descubres que siempre-siempre más dura el después
de esas otras :
las prestes del más allá,
con super santos desvestidos, infinito trago incendiario
y banquetes sin probar.
Caes de colada.
Es grande el lugar , hace calor,
no entiendo,
tan intenso se ve el ají en esos platos
que no aguanta un no,
arranca el estómago,
como aquí no tienes sombra
no importa,
los colores hipnotizan,
los hombres igual te violan,
los pasos se arrastran y los prestes olvidaron sus nombres
y aquí pulula un olor a mierda
que te olvida quien eres.
Un colchón por favor,
y te sacudes la tierra,
tus muertos se han enojado con vos
y te sientes perdida,
dime, qué tengo?
vuelves a mirar el cielo,
ya no hay la banda,
serpentina y mixtura tampoco.
Y resulta que nada,
no fuiste a la fiesta,
se te olvidó
con el sueño,
los árboles,
te hicieron quedar
donde estabas nomás,
dicen por la sin razón
de que la tierra se quede sin muertos.